Préstame, Madre
Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar.
Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar.
Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad.
Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más.
Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar.
Préstame, Madre a tu Hijo, para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear?
Y esa será mi dicha por toda la eternidad.
Amén.
La oración «Préstame, Madre» es una joya de la devoción mariana que ha resonado en los corazones de los fieles católicos a lo largo de los siglos. Esta plegaria, de autoría desconocida, se ha transmitido principalmente a través de la tradición oral y escrita, consolidándose como una invitación a vivir la fe a través de las virtudes de la Virgen María.
Un Sentido Profundo de Devoción
Comenzando con la petición: «Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar», la oración nos invita a ver el mundo con la pureza y la bondad de María. La invocación de los ojos de María simboliza la aspiración a mirar más allá de las apariencias y buscar la verdadera bondad en todas las cosas.
Tras ello, encontramos: «Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar». Aquí, se subraya la importancia de rezar con la misma devoción y amor que María, confiando en que nuestras plegarias llegarán al corazón de Jesús a través de su intercesión maternal.
La siguiente petición: «Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad», nos recuerda la solemne reverencia con la que debemos recibir la Eucaristía, emulando la pureza y el amor de María en este acto sagrado.
El Trabajo y la Protección de María
La oración continúa, pidiendo: «Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más». En esta súplica, se alude a la fuerza y la dedicación de María, reconociendo que el trabajo realizado con amor y devoción es multiplicado en su valor y significado.
«Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar» es una petición de protección y amparo. Al pedir el manto de María, se busca su intercesión para cubrir nuestras faltas y ser guiados hacia la salvación.
La Entrega a Jesús
La oración culmina con la más valiosa de las peticiones: «Préstame, Madre a tu Hijo, para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear?». Esta súplica refleja la aspiración de tener a Jesús en el centro de nuestras vidas, pues en Su amor se encuentra la verdadera dicha y la plenitud de nuestro ser.
La oración finaliza con: «Y esa será mi dicha por toda la eternidad. Amén.», afirmando la búsqueda de la felicidad eterna a través de la devoción y la intercesión de María.
«Préstame, Madre» es más que una oración; es una meditación sobre la vida en santidad, modelada conforme a las virtudes de la Virgen María. Esta oración nos guía en nuestro camino espiritual, alentándonos a mantener una fe viva y un corazón humilde, siempre abiertos a la gracia divina.
Al recitar este poema, los fieles no solo buscamos la intercesión de María, sino también un compromiso profundo de emular sus virtudes en su vida diaria. Es una hermosa manifestación de amor y confianza en la Madre de Dios.
Beneficios de rezar diariamente la oración «Préstame, Madre»
La oración «Préstame, Madre» es una súplica profunda que invita a los fieles a establecer una conexión más íntima con la Virgen María, pidiéndole que comparta sus virtudes y protección a lo largo de nuestra vida cotidiana. Rezar esta oración diariamente puede transformar nuestra vida espiritual de varias maneras:
Una Guía para la Pureza de Corazón
Rezar esta oración diariamente nos recuerda la importancia de mantener nuestra mirada pura y centrada en lo bueno. La petición de los ojos de María nos incita a buscar la bondad y la pureza en todas las cosas y a alejarnos de las tentaciones que pueden desviar nuestro camino.
Fortalece la Devoción y la Oración
Invocar los labios de María para nuestras oraciones nos ayuda a rezar con mayor devoción y sinceridad. Con esta práctica diaria, podemos sentirnos más conectados con nuestra fe y asegurarnos de que nuestras peticiones lleguen al corazón de Jesús a través de la intercesión de su Madre.
Mejora Nuestra Actitud Hacia la Eucaristía
Al pedir la lengua de María para comulgar, reconocemos la santidad y el amor con el que debemos recibir la Eucaristía. Repetir esta oración nos enseña a valorar más este sacramento y a acercarnos a él con la debida reverencia y gratitud.
Incrementa la Productividad con un Propósito Sagrado
Rezar por los brazos de María para trabajar nos anima a realizar nuestras tareas diarias con eficacia y dedicación. Esta práctica nos ayuda a ver nuestro trabajo no solo como una responsabilidad, sino como una oportunidad para glorificar a Dios a través de nuestro esfuerzo y compromiso.
Promueve la Confianza en la Protección Divina
Pedir el manto de María para cubrir nuestra maldad nos recuerda la constante necesidad de su protección y amparo. Esta oración diaria fortalece nuestra confianza en la misericordia divina y nos conforta con la seguridad de que, con María a nuestro lado, estamos a salvo de las adversidades espirituales.
Fomenta un Amor Profundo por Jesús
La súplica por el Hijo de María nos alienta a mantener a Jesús en el centro de nuestras vidas. Rezar esta oración diariamente refuerza nuestro amor y devoción por Jesús, recordándonos que en Su amor encontramos la mayor dicha y paz.
Una Transformación Interior
Rezar esta oración todos los días no solo nos acerca más a María y a Jesús, sino que también transforma nuestro interior. Al emprender esta práctica, aprendemos a imitar las virtudes de María, cultivando un corazón más puro, devoto, y lleno de amor. Esta transformación diaria nos lleva a vivir una vida más plena y en sintonía con los valores del Evangelio.
En definitiva, la oración «Préstame, Madre» es una poderosa herramienta espiritual que, rezada diariamente, puede guiarnos hacia una vida de mayor santidad, devoción y amor. Nos recuerda la importancia de las virtudes de María en nuestra vida diaria y nos anima a buscar siempre su intercesión y protección. Al hacer de esta oración una práctica constante, nos acercamos más al ideal cristiano de vivir en comunión con Dios y con los demás.



